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Semana Santa Córdoba 2015 | Viernes Santo

3 abril, 2015 @ 23:55

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HERMANDAD DE LA BUENA MUERTE Hermandad de Nazarenos Congregantes del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora Reina de los Mártires. http://www.semanasanta-cordoba.com/buenamuerte/Un grupo de jóvenes profesionales, mayoritariamente médicos y abogados de la alta sociedad cordobesa funda esta hermandad en el año 1943, conformando su primer cabildo de oficiales, a cuyo frente se hallaba el prestigioso médico don Enrique Luque Ruiz. La extracción social de sus fundadores y la ubicación en pleno centro de la ciudad de la Colegiata de San Hipólito dieron a la hermandad una imagen elitista, que, aunque pocos años después ya no se correspondía con la realidad, ha sido lastre permanente de su historia. En el año 1944 se aprueban sus primeros estatutos por el obispo Pérez Muñoz, integrándose desde entonces su escudo de armas como un elemento más de la heráldica de la hermandad. Los primeros esfuerzos se centraron en conseguir los enseres imprescindibles y en la incorporación de la talla del Crucificado, obra en madera de cedro que se encargó a uno de los imagineros más reconocidos de la época, el sevillano Antonio Castillo Lastrucci. quien también realizaría más tarde la imagen de Nuestra Señora Reina de los Mártires.En la madrugada del Viernes Santo de 1946 la hermandad realiza su primera estación de penitencia, sólo con el paso de Cristo, obra también del propio Lastrucci, inaugurando así una nueva jornada cofrade en la Semana Santa de Córdoba. Aquella salida de 1946 tuvo como prólogo el nombramiento de José María Pemán, pregonero de la Semana Santa de aquel año como hermano de la corporación. Durante la década de los cuarenta la hermandad realizó un recorrido circunscrito básicamente al centro de la ciudad, con salida de San Hipólito a la una de la madrugada y entrada al itinerario oficial hora y media más tarde, llamando siempre la atención lo acabado de su guión procesional. Buena parte de culpa tuvo en ello su hermano mayor fundador, a quien la hermandad de Pasión reconocía su valía en 1950 al otorgarle la medalla al mérito cofrade que entonces concedía. En el año 1951 se produce la primera salida del paso de palio de la Reina de los Mártires, una verdadera maravilla artística en muy poco tiempo concluida, y que combinaba lo mejor del genio creador de dos de los artistas más prestigiosos del arte cofrade contemporáneo, el orfebre Jesús Domínguez y la bordadora Esperanza Elena Caro. A lo largo de los años cincuenta la cofradía es una de las de vida más pujante, favorecida por el semillero de las Congregaciones Marianas, del que se nutrieron sus filas hasta entrados los ochenta. Aunque siempre se asocia a esta hermandad con la madrugada del Viernes Santo, alteró su día de salida en los años 1961 y 1962, debido a las modificaciones del itinerario oficial, trasladado a la Judería y el patio de los Naranjos de la Santa Iglesia Catedral. En ambas ocasiones pasó a ser la primera hermandad de la tarde del Viernes Santo, saliendo de la Colegiata a las seis y media de la tarde y entrando en el palco de horas a las ocho y media. En el año 1963 suspendió su salida por la lluvia y en 1964 vuelve a la madrugada penitencial. En el año 1973 salió en la tarde-noche del Jueves Santo entrando en carrera oficial en penúltimo lugar, aunque la experiencia no debió ser positiva, ya que al año siguiente volvió a entrar en carrera oficial en la madrugada, aunque saliendo de su templo a las once de la noche. En el año 1978 la hermandad debió de salir solo con el paso de Cristo, debido al plante en la misma salida de os costaleros «profesionales» que debían llevar a la Reina de los Mártires; eran los años en los que las cuadrillas de hermanos estaban poniendo punto y final al viejo sistema de cargadores, y en ese ambiente la Semana Santa de este año resultó extraordinariamente polémica. El acceso al cargo de hermano mayor de don Lorenzo Domínguez se incorporan a la dirección de la hermandad un importante número de miembros procedentes de la cuadrilla de hermanos costaleros, de la que, desde mediados de los 70, disponía la cofradía. En el año 1982 accede al cargo de hermano mayor D. Antonio Miguel Capdevila Gómez. Con él se produce un cambio importante ya que aunque se mantienen miembros de mayor edad que ya habían estado en directivas anteriores o incluso de incorpora a alguno de los cofrades de mayor antigüedad en el censo de la cofradía, la mayoría de los componentes de la nueva Junta no sobrepasa los treinta años de edad. En estos años se procura la hermandad de jóvenes procedentes de movimientos alentados por la Compañía de Jesús que sirvan de sustitutivo a la antigua cantera de las Congregaciones Marianas, que acababan de desaparecer; así sucederá, sobre todo con los Montañeros de Santa María. Dentro de esta dinámica se inserta el Rosario de la Aurora de la Juventud realizado en 1982, una de las escasas ocasiones en las que la Reina de los Mártires ha dejado su colegiata de San Hipólito. También en estos años e afronta las necesarias restauraciones de las tallas de ambos titulares realizadas por Francisco Peláez del Espino (1984-85), la del paso de Cristo realizada por Ignacio Torronteras en el año 1984. En el año 1984, por cabildo de oficiales, se nombra hermanas de la Buena Muerte al resto de las cofradías cordobesas. Bajo el mandato de Lorenzo de Juan Luque se procederá a una nueva restauración de los titulares, se comenzará a realizar en el año 1990 la estación de penitencia en la Santa Iglesia Catedral y se llevarán a cabo las celebraciones del Cincuenta Aniversario Fundacional en las que además de una extensa relación de cultos y actividades formativas, tuvo lugar el pregón conmemorativo, a cargo de don Manuel J. Sánchez Fernández, quien años atrás había pronunciado el juvenil de la hermandad. Aunque la hermandad admite en su seno hombres y mujeres, no es hasta el año 2004 cuando se aprueba que las mujeres puedan hacer estación de penitencia en la madrugada del Viernes Santo vestidas con túnicas de nazareno. La lluvia de ese año impidió que se produjese la incorporación de las mujeres a las filas de nazarenos, produciéndose esta incorporación en la madrugada del año 2.005 Otro hito importante ocurre en el año 2.005, cuando con motivo de la celebración del Año de la Eucaristía y del XVII Centenario de los Santos Mártires, las Cofradías cordobesas decidieron realizar una Peregrinación Jubilar a la ahora Basílica Menor de San Pedro donde se encuentran los restos de los Santos Mártires cordobeses San Acisclo y Santa Victoria. Dicha peregrinación que se celebraró el día 19 de noviembre de 2005 estuvo presidida por Nuestra Señora Reina de los Mártires en su paso de palio y a ella se invitó a participar a todas las Hermandades y Cofradías de la provincia de Córdoba. Sede de la hermandad: Real Colegiata de San Hipólito HERMANDAD DE LA SOLEDAD Franciscana Hermandad del Santísimo Sacramento y Cofradía de Nazarenos de la Santa Cruz en el Monte Calvario y María Santísima de la Soledad. En diciembre de 1979 un incendio asoló la Parroquia de Santiago afectando a la imagen de María Santísima de la Soledad que tuvo que ser restaurada en 1980 por su propio autor, el sevillano Luis Álvarez Duarte quien acometió la tarea desinteresadamente. Fusionadas por estas circunstancias las parroquias de Santiago y San Pedro, el párroco de la primera y consiliario de la hermandad, intercedió ante las religiosas del convento de Santa Cruz para que en él se ubicara su titular, en un pequeño altar que hacía las veces de capilla, en tanto que las celebraciones de culto y la salida procesional tenían lugar desde San Pedro, tal y como sucedió en las Semanas Santas de 1980 a 1985 En el año 1986 la Parroquia de San Pedro también se cerraba para realizar obras de restauración y la cofradía se ve obligada a iniciar un nuevo peregrinaje. Finalmente, la hermandad de la Esperanza pone a disposición de la cofradía el local que utilizaba en el convento de Santa Isabel, y desde el que durante cinco años realizará la estación de penitencia. De esta forma la hermandad tiene a su titular durante todo el año en Santa Cruz, está erigida canónicamente en San Pedro y prepara y realiza su salida desde Santa Isabel. Esta situación llevó a la hermandad a plantearse el cambio de sede canónica, estando a punto de cristalizar en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, atendida por Padres Franciscanos, aunque finalmente, no llegó a cuajar esta iniciativa. En el mes de febrero de 1991 se vuelve a abrir al culto el templo de Santiago y la Soledad vuelve al mismo once años después. La hermandad experimenta una revitalización, intensificándose el compromiso social y asistencial y produciéndose un incremento en el número de hermanos. Se renuevan sus estatutos al asumir el carácter de sacramental, se dispone de nuevos locales, se sigue trabajando en el guión procesional y se determina la construcción de otro paso para su Titular. En la estación penitencial de 1992 se determina realizar adoración del lignum crucis en el interior de la Santa Iglesia Catedral, dotando así al cortejo de una estabilidad en el itinerario de la que había carecido ante las obligadas mudanzas. En el año 1993 se estrena la primera fase del nuevo paso, tallado por Guzmán Bejarano y vende el anterior a la hermandad de la Agonía. En el año 2004 la hermandad decide emprender una renovación estética con piezas diseñadas por Rafael de Rueda con la realización de unos ciriales, realizados en madera de color caoba y metal que imita el bronce viejo, por Hermanos Lama, que se completó con las dalmáticas inspiradas en piezas antiguas y confeccionadas por los propios hermanos en el taller de bordado de la hermandad. En el 2005 se incorporan estos diseños al paso de la titular, estrenando unos nuevos candelabros para el paso que sustituían a los arbóreos anteriores y que se verán completados con los estrenados en el año 2006 que serán un total de doce nuevos faroles similares en diseño y dimensiones a los estrenados en 2005, ocho de los cuales irán sobre la mesa del paso, iluminando la canastilla, y los otros cuatro se colocarán a los pies de la imagen titular. Sede de la hermandad: Parroquia de Santiago Apóstol HERMANDAD DE LA EXPIRACIÓN Real, Venerable e Ilustre Hermandad de Penitencia y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Expiración, María Santísima del Silencio y Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos Coronada y San Antonio María Claret. http://www.expiracioncordoba.es En el año 1903 se terminan los trabajos de restauración de la Iglesia de San Pablo que había impulsado el claretiano P. Antonio María Pueyo. El domingo 23 de agosto de 1903 se produce la inauguración del remozado templo. Unos meses después de la apertura del templo al culto, el P. Pueyo coloca la talla del Santo Cristo de la Expiración. Pide autorización al obispo de Córdoba para el traslado de la imagen y el 22 de marzo de 1904, este se lo concede. Tres días más tarde se firma el acta de recepción de la imagen. Tras la restauración de San Pablo el P. Pueyo se plantea como objetivo inmediato dinamizar la labor pastoral de la comunidad y proyectarla en la sociedad cordobesa. Sin embargo, en estos años no se erige la cofradía en honor del Santo Cristo de la Expiración, ya que la imagen carece todavía de suficiente devoción y, además, nos encontramos en un periodo de crisis de las hermandades penitenciales. La reorganización de la hermandad de la Expiración en 1918 se produce en el contexto de la revitalización de las cofradías penitenciales y de la Semana Santa cordobesa. Desde su restauración, la cofradía mantiene una actividad constante que se interrumpe en la década de los treinta. Sus miembros procederán de las capas sociales media y alta con la participación muy activa de familias de la nobleza cordobesa. Desde su reorganización, se incorpora a la procesión oficial del Viernes Santo y salen de manera ininterrumpida todos los años, salvo en 1928 por la lluvia. La vitalidad de la cofradía se trunca al instaurarse la II República con la supresión de las procesiones y del importante apoyo que venía prestando el ayuntamiento. Al igual que las demás, no realiza estación de penitencia en 1932, 1933 y 1934. La excepción será la Semana Santa de 1935 en la que forma parte del desfile oficial del Viernes Santo. La cofradía está en una fase de letargo en los últimos años de la década de los treinta. En la práctica no existe y sólo un grupo de señoras se encarga del culto al Santísimo Cristo de la Expiración. No obstante, la imagen se incorpora a la procesión del Viernes Santo desde 1937, manteniéndose en la década de los cuarenta, cuando nuevamente se reorganizará la cofradía. En enero de 1943 se realizan las primeras gestiones encaminadas a la reorganización de la cofradía. La iniciativa es de don Pedro Moya Cerezuela quien expone el proyecto al superior de la comunidad claretiana de San Pablo quien lo acoge de manera favorable. El nuevo hermano mayor realiza una intensa actividad, ya que meses después de la reorganización, se lleva a cabo la restauración de la imagen titular, se adquieren las insignias y se adopta un nuevo hábito penitencia. La estación de penitencia de la cofradía seguirá ligada a la procesión del Santo Entierro de los años siguientes hasta que en 1947, la cofradía pasa al Martes Santo coincidiendo su itinerario con la carrera oficial. Desde el primer momento se constata una gran presencia de jóvenes universitarios y estudiantes en general, acentuándose esta característica hasta el punto de que en 1945 se acuerda denominar a la hermandad con el nombre de los Estudiantes. La labor del hermano mayor hasta finales de los cuarenta aborda una serie de proyectos relevantes como la habilitación de una capilla para las imágenes de la cofradía y la realización de un nuevo paso, consiguiendo además, de la comunidad claretiana, un local en San Pablo, destinado a secretaría y almacén para guardar los enseres de la hermandad. El Cristo de la Expiración y la Dolorosa recibían culto en un altar de la iglesia de san Pablo y uno de los primeros logros de Pedro Moya será conseguir una capilla para los titulares, la actual de la Virgen de Fátima. Las obras terminan en 1945. El Martes Santo del año 1947 se estrena el paso de estilo barroco realizado por Julio Pajares Vilches para el que se utilizó la madera del corpulento ciprés de San Pablo. Los elevados gastos de las obras de la capilla y del nuevo paso no pueden cubrirse con las cuotas de hermanos por lo que se extienden títulos de Hermanos Protectores de Honor a cambio de una contribución económica. Esta medida permite saldar todas las deudas contraídas. Pedro Moya termina su mandato en 1955 y le sustituye en el cargo Fernando García Courtoy quien modifica el itinerario del Martes Santo ampliándolo a una serie de calles de sabor histórico y tipismo y consigue un aumento en el número de hermanos. A pesar de las iniciativas de la junta de gobierno de don Fernando García Courtoy, la cofradía entra en una fase de decadencia que hace que en el año 1961 se encuentre en un evidente estado de postración y a punto de extinguirse. Las causas de esta situación habría que buscarlas en la crisis que afecta a las cofradías penitenciales entre 1955 y 1970 y en que el colectivo de estudiantes que entró en los años cuarenta ya están mayoritariamente casados y se han trasladados a otros barrios produciéndose un desarraigo que desemboca en la baja de la hermandad. La crisis llega a tal extremo que la hermandad deja de realizar la estación de penitencia en el año 1961. Esta situación se mantiene hasta el año 1963 en que un grupo de cofrades aborda la tarea de levantarla marcando el inicio de una nueva etapa. Entre los años 1963 y 1969 se consigue la revitalización de la cofradía en unas circunstancias adversas, ya que en esos años las hermandades penitenciales cordobesas y la Semana Santa de nuestra ciudad se encuentra en un estado de crisis. La actividad del año 1963 se centra en poner en marcha la cofradía. se realizan gestiones orientadas a conseguir indulgencias en favor de los titulares y se nombra una comisión encargada de elaborar unos nuevos estatutos. que serán aprobados por la autoridad eclesiástica en abril de 1966. En el año 1964 se produce la primera salida procesional que tiene lugar el Martes Santo y que se caracteriza por una austeridad y recogimiento que llama la atención de los cordobeses, acentuándose el carácter de hermandad de silencio. En el año 1967 se cambia la advocación de la Virgen que acompaña al Santísimo Cristo de la Expiración, pasando ahora a tener el título de María Santísima del Silencio. En el año 1968 se estrenará el nuevo paso coincidiendo con la celebración de las bodas de oro de la reorganización de la cofradía. La austeridad que caracteriza a la cofradía se rompe con la introducción de un paso de palio para María Santísima del silencio que es estrenado en el año 1970 con un esquema y estructura que tiene como referencia al modelo sevillano. En el año 1972 es elegido hermano mayor don Rafael Zafra León quien incorporará el modelo sevillano a la cofradía en todos los aspectos. Esta imitación va a suponer un revulsivo en el movimiento cofrade cordobés que empieza a despertar de un prolongado letargo, llegando a un punto en que la cofradía de la Expiración aparece como modelo de las nuevas hermandades penitenciales que se fundan o reorganizan en nuestra ciudad en los años setenta. En el año 1974 se forma la sección juvenil de la cofradía con su correspondiente junta directiva que estrena, en la Semana Santa de 1975, un guión costeado por ellos mismo. Es precisamente en este año 1975 cuando se va a producir un hito importante en la historia de la cofradía como es la creación de la cuadrilla de hermanos costaleros, primera de estas características que se crea en nuestra ciudad y que portarán ,ya ese mismo año, el paso del Santísimo Cristo de la Expiración y María Santísima del Silencio. Dos años más tarde llevarán también el paso de palio de Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos. También durante el mandato de Rafael Zafra se va realizar una nueva talla de la Virgen que será encargada al imaginero Álvarez Duarte. La estación de penitencia de 1974 presenta como novedad, la presencia de Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos y la ausencia de maría Santísima del Silencio, incorporándose de nuevo al paso de Cristo al año siguiente. La de 1975, presenta como extraordinario la incorporación de la banda municipal de música detrás del paso de la virgen del Rosario. En el año 1978 el desfile procesional se traslada a la tarde del Viernes Santo. En el año 1987 se ponen en marcha los ciclos de conferencias titulados «Los Viernes de la Expiración» Durante el año 1993 la hermandad celebra el 75 aniversario de la reorganización de la cofradía con un denso programa de actos religiosos y culturales. Dentro del mismo hay que destacar la publicación de la obra del académico Juan Aranda Doncel «La cofradía de la Expiración y la Semana Santa cordobesa durante los siglos XVII al XX». El 7 de octubre de 1992 el obispo Infantes Florido firmó el decreto por el que se aprobaba la coronación canónica de Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos, justificada por la intensa y secular devoción a la advocación mariana del Rosario en la antigua iglesia dominicana de San Pablo desde el siglo XVI. Tras la celebración de los actos religiosos que sirvieron de pórtico a la coronación, en la tarde del día 30 de octubre de 1993, se trasladó la imagen al templo catedralicio, donde al día siguiente se ofició la solmene misa en la que el obispo Infante colocó la corona de oro ante miles de personas. Sede de la hermandad: Real Iglesia de San Pablo HERMANDAD DEL DESCENDIMIENTO Hermandad del Santísimo Cristo del Descendimiento, María Santísima del Refugio y San Juan Evangelista y Nuestra Señora del Buen Fin. http://www.descendimientocordoba.org Existe constancia de la existencia de una cofradía penitencial con el título de Descendimiento de la Cruz erigida en la iglesia conventual de San Pablo en el año 1578, aunque a finales de este siglo XVI ya había desaparecido. El paso del Descendimiento vuelve a estar presente en nuestra ciudad a partir de 1911. La hermandad encargada de procesionarlo será la del Santísimo Cristo de las Animas, cuya imagen se venera en la ermita del mismo título del Campo de la Verdad. La constitución de esta cofradía data de febrero de 1908. El misterio del Descendimiento participará en la procesión oficial del Santo Entierro durante el periodo 1911-1917. Un nuevo paréntesis se abre hasta que en el año 1937 se produce el nacimiento de la hermandad del Santísimo Cristo del Descendimiento que se produce al amparo de la revitalización del movimiento cofrade cordobés auspiciado por las autoridades locales. La iniciativa de un pequeño grupo de artesanos y empleados cristaliza rápidamente y en junio de 1937 son aprobados los estatutos de esta nueva cofradía, establecida en la ermita del Santo Cristo de las Ánimas. El objetivo prioritario de la recién constituida hermandad es realizar estación de penitencia, deseo que conseguirán ver cumplido en la semana Santa de 1938. La hermandad realiza su estación de penitencia en la noche del Jueves Santo, saliendo a las nueve de la noche y entrando en el itinerario oficial a las diez cuarenta y cinco. En el año 1939, la hermandad desplaza su Estación de Penitencia a la noche del Viernes Santo, debido a la lluvia aparecida en la noche del Jueves Santo, presentando el estreno de la nueva imagen del titular que había realizado el escultor valenciano Amadeo Ruiz Olmos. En el año 1945, la hermandad cambia su itinerario para llegar a la carrera oficial. Las dimensiones del nuevo paso obligan a efectuar cambios nuevamente en el año 1949. La inauguración de las viviendas construidas por iniciativa del obispo fray Albino cambia la fisonomía del antiguo barrio del Campo de la Verdad y repercute en un aumento de los efectivos humanos de la cofradía en la década de los cincuenta, momento en el que se llevan a cabo las obras del nuevo templo parroquial con lo que hay necesidad de remodelar la capilla y levantar el altar del Cristo. El largo recorrido de la procesión y el peso del nuevo paso obligan a sustituir los costaleros por las ruedas en el año 1957, año en el que, a instancias del obispo, la hermandad traslada su estación de penitencia al Viernes Santo formando parte del desfile del Santo Entierro. Las imágenes que completaban el primitivo misterio también eran obra de Amadeo Ruiz Olmos. A los Santos Varones los revistió con ropajes de cartón y escayola con los que procesionaron hasta que en 1957 la Agrupación de Cofradías mandó retirarlos por falta de adecuación estética. Convertido el misterio en un Calvario, con el Señor en actitud desairada, a medio desenclavar y sin ningún auxilio la hermandad tomó el acuerdo en 1959 de volverlo a recuperar, aunque el elevado presupuesto hizo que únicamente se encargaran las figuras de la Virgen y San Juan que salieron por vez primera en el año 1960. Se trataba de esculturas talladas antes que imágenes. En principio, esto era bueno para la cofradía, que no tendría que gastar un dinero inexistente en costosos ropajes. Pero no llegaron a calar en el sentimiento popular a pesar de ser magníficas piezas escultóricas. Los Santos Varones, Nicodemo y José de Arimatea fueron contratados en el año 1967 por 150000 pesetas y bendecidos por el párroco Bartolomé Menor el 31 de marzo de 1968. El misterio se completaba con la figura de Santa María Magdalena, imagen de vestir a la que en 1969 le añadió Ruiz Olmos el cuerpo de talla, representándola, como es habitual, de rodillas y con las manos implorantes mirando a Cristo. El párroco de San José y Espíritu Santo bendice las imágenes de los Santos Varones en el año 1968 En el año 1986 se aprueban unos nuevos estatutos por el obispo Infantes Florido y se construyen las dependencias utilizadas como sede. También en el año 1986 se produce la incorporación de la imagen de Nuestra Señora del Buen Fin que fue coronada por Fray Ricardo de Córdoba el 22 de marzo de 1987. En el año 1987 la hermandad celebra el cincuentenario de la fundación de la hermandad con una serie de actos entre los que destacó el pregón pronunciado por Fray Ricardo de Córdoba y la celebración de un ciclo de cofradías conjuntamente con la hermandad de la Misericordia que también celebraba en ese año su cincuentenario fundacional. En la tarde del Viernes Santo, 17 de abril del año 1987 se produce la primera salida procesional de Nuestra Señora del Buen Fin. En el año 1991, aprovechando que se le encarga una nueva Cruz al imaginero Miguel Ángel González Jurado se le encarga también la restauración de la policromía del Señor. Este será el punto de partida para la sustitución del antiguo misterio cuyas primeras figuras se estrenarían en la Semana Santa de 1993. Este nuevo misterio se presentaba con una composición totalmente distinta a la anterior. Esta sustitución del misterio, unida a la reforma del paso, permitió que en el año 1994 el misterio del descendimiento pudiese volver a salir a hombros de costaleros, si bien el misterio se acabó de completar en el año 1999. En el año 2001 la hermandad adquirió una casa hermandad que fue bendecida el 10 de marzo de 2001. Con motivo de unas obras que se inician en el mes de noviembre de 2006 la Parroquia de San José y Espíritu Santo es cerrada al culto, reabriéndose el día 24 de diciembre de ese mismo año. Durante ese tiempo, la hermandad traslada a sus Titulares a las dependencias de su casa de hermandad donde es acondicionada una capilla al efecto. Sede de la hermandad: Parroquia de San José y Espíritu Santo HERMANDAD DE LOS DOLORES Real, Venerable e Ilustre Hermandad Servita de Nuestra Señora de los Dolores Coronada y Santísimo Cristo de la Clemencia. http://www.hermandadlosdolores.es A lo largo del último cuarto del siglo XVII y primeros lustros del siguiente, se desarrolla en nuestra ciudad la devoción a Nuestra Señora de los Dolores. Así la festividad de los Dolores de Nuestra Señora comienza a celebrarse de manera solemne en la Catedral a partir del año 1680. En ese mismo año, el maestrescuela y canónigo de la Catedral don Francisco Antonio Bañuelos y Murillo cede una dolorosa de Pedro de Mena que posee en su casa para que se le haga en el altar mayor la fiesta religiosa. Dicho canónigo condiciona la donación de la imagen, de gran calidad artística, a que se levante una capilla en la Catedral donde pudiera venerarse por los fieles. Al no cumplirse este requisito, la Dolorosa se colocará en 1682 en el altar mayor de la iglesia conventual de los alcantarinos. A finales del siglo XVII Juan Salvador Amo solicita al general de los Siervos de la Virgen María la fundación de una congregación bajo el título de Nuestra Señora de los Dolores en la iglesia del hospital de pobres incurables de San Jacinto. Esta solicitud va a ser atendida mediante la pertinente licencia firmada el 15 de agosto de 1699 en el convento de San Marcelo de Roma. Esta concesión está supeditada a la autorización del obispo de Córdoba que la concederá el 26 de marzo de 1707. La congregación de Nuestra Señora de los Dolores se funda el 21 de octubre de 1707, pero un lustro más tarde presenta síntomas de crisis hasta el punto de que en 1713 se encuentra en un estado de total postración al cesar los cutos y ejercicios espirituales por falta de congregados. El nacimiento de una hermandad rosariana bajo el título de Nuestra Señora de los Dolores en el hospital de San Jacinto en febrero de 1717 constituye un factor determinante en la intensa propagación de la devoción a la mencionada advocación mariana pasionista. Dicha hermandad nombra la junta de gobierno el día 14 de febrero de 1717. Esta hermandad sacará durante seis domingos de cuaresma el rosario público por las calles y el Domingo de Ramos realiza una procesión que convoca a numerosos cordobeses. En la procesión del Domingo de Ramos de 1718 se produce la novedad de que sale por primera vez la imagen actual de Nuestra Señora de los Dolores contando con la presencia de una elevada cifrad e hermandades rosarianas y devotos. El apogeo de la hermandad rosariana de los Dolores impulsa a los miembros de la postrada congregación servita a fusionarse con ella en abril de 1719. Tres años después, en 1722, se encargan unas nuevas andas al escultor Juan Prieto. En el año 1727 se produce una situación conflictiva provocada por el capellán del hospital produciéndose la separación entre la hermandad rosariana y la congregación de Nuestra Señora de los Dolores. La ruptura se consuma y la hermandad rosariana de Nuestra Señora de los Dolores abandona el hospital de San Jacinto, aunque no consigue llevarse la imagen titular. En la iglesia del establecimiento asistencial permanece la congregación de los Dolores que lleva una vida aletargada por el reducido número de miembros, llegando prácticamente a desaparecer, hasta su definitiva reorganización en el año 1746. A principios de 1746, se reorganiza la congregación de Nuestra Señora de los Dolores. Entre los objetivos prioritarios de la reorganizada congregación está la potenciación del culto y devoción a la imagen de Nuestra Señora de los Dolores. Los esfuerzos realizados se verán compensados con un aumento en el número de efectivos humanos. Los actos de culto revisten una gran solemnidad, especialmente el septenario y la fiesta del Viernes de Dolores. Asimismo, los miembros de la congregación ponen especial interés en realizar la procesión tradicional del Domingo de Ramos con la mayor solemnidad y boato. La vitalidad de la congregación de los Dolores quedará truncada en los años finales de la centuria del setecientos, momento en el que se encuentra totalmente postrada sin apenas actividad y que se prolongará en las primeras décadas del siglo XIX. Así la procesión del Domingo de Ramos queda suspendida por falta de recursos durante varios años, hasta que con motivo de la expulsión de las tropas napoleónicas se plantea sacarla de nuevo en el cabildo general celebrado en marzo de 1813. Esta propuesta será aprobada, pero al año siguiente se vuelve a interrumpir la salida por falta de recursos económicos, si bien se mantienen con bastante esplendor el septenario y fiesta del Viernes de Dolores que presentarán una masiva asistencia de fieles y devotos como prueba del intenso arraigo y fervor que despierta la imagen de Nuestra Señora de los Dolores. Esta fuerte devoción es una de las razones por las que se designa a la imagen de la Virgen de los Dolores para representar la Soledad de Nuestra Señora en la procesión oficial del Santo Entierro a mediados del siglo XIX. Durante el reinado de Isabel II la congregación cobra un marcado impulso que se proyecta en los solemnes cultos anuales y en la salida del Viernes Santo formando parte del desfile oficial del Santo Entierro. También se encuentra el apoyo del obispo Alburquerque, quien llevado de su devoción, regalará a la imagen un manto y túnica de terciopelo negro bordados en oro en el año 1865. Tras el paréntesis del sexenio revolucionario en el que la salida de la procesión del Santo Entierro queda suspendida los años 1869, 1870, 1871 y 1873, la hermandad de los Dolores recobra su dinamismo y en 1874 sus miembros deciden realizar unas nuevas andas, trono y palio para la imagen titular. Ese mismo año, la imagen saldrá el Domingo de Ramos acompañada por los miembros de su cofradía y el Viernes Santo por la tarde en la procesión oficial. A lo largo del último cuarto del siglo XIX la imagen de Nuestra Señora de los Dolores figura en el cortejo procesional del Santo Entierro en último lugar. Con carácter excepcional sale el Domingo de Ramos de 1898 a instancia de la corporación municipal que le concede a la hermandad una subvención para sufragar los gastos originados. Nuestra señora de los Dolores saldrá de manera extraordinaria en marzo de 1878 y a principios de 1885. A finales del siglo XIX la cofradía presenta algunos síntomas de crisis que se intentan superar con la captación de nuevos hermanos entra la masa de devotos. No obstante en el año 1910 comenzará una nueva fase de apogeo que se mantendrá hasta la proclamación de la II República. La elección del conde de Hornachuelos como hermano mayor en enero de 1910 será decisiva para lograr el nombramiento de hermano mayor y camarera de honor a los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia., lo que contribuye a dar una mayor prestancia social a la cofradía, en la que también ingresará la infanta Isabel con motivo de su visita a la iglesia de San Jacinto en octubre de 1915. El considerable aumento de hermano y la salida con hábito penitencial el Viernes Santo de 1914 refrenda el dinamismo de la cofradía, cuyos miembros deciden procesionar la imagen titular el Domingo de Ramos. El paso de Nuestra Señora de los Dolores desfila en último lugar en la procesión del Santo Entierro. Además de los miembros de la cofradía, figura un representante del monarca a partir de 1925, año en el que se concede autorización a la hermandad para usar la corona real en las insignias, atributos y documentos. Al igual que las restantes cofradías penitenciales, la de los Dolores se ve obligada a interrumpir la salida procesional de Semana Santa durante la II República, excepto el año 1935 en que forma parte del Santo Entierro. En el año 1937 inicia una nueva andadura que se caracteriza por un apogeo que llega hasta nuestros días debido fundamentalmente a la intensa devoción de los cordobeses a la imagen titular. La coronación canónica de la imagen marcará el hito más importante de la hermandad en este periodo. La incorporación de un Cristo constituye el deseo generalizado en el seno de la cofradía que se verá cumplido en enero de 1939 al donar los herederos de Francisco Belmonte González-Abreu la actual imagen del Santísimo Cristo de la Clemencia que realiza su primera salida procesional el Viernes Santo de 1949. El acontecimiento más relevante de la historia de la cofradía en el siglo XX es la coronación canónica de Nuestra Señora de los Dolores que se convirtió en la primera imagen de la ciudad que recibió tan alta distinción. La iniciativa partió del obispo Fernández Conde, quien profesaba una gran devoción a la titular de la hermandad. La petición elevada a la Santa Sede va a ser concedida mediante el breve pontificio de Pablo VI fechado el 20 de octubre de 1964. Un triduo en la Catedral precedió a la ceremonia de la coronación canónica que tuvo lugar el domingo 9 de mayo de 1965 en la glorieta de los Alféreces Provisionales al comienzo de la avenida Conde de Vallellano. Al acto asistieron miles de cordobeses. La misa solemne fue presidida por el cardenal Bueno Monreal, arzobispo de Sevilla los obispos de Córdoba monseñor Fernández Conde y de Jaén Monseñor Romero Menjíbar. También estaba presente el auxiliar de la archidiócesis de Sevilla monseñor Cirarda Lachiondo. La imposición de la corona fue acompañada de la suelta de numerosas palomas. La incorporación de la juventud a la cofradía posibilitará la salida a costaleros de los pasos del Cristo en el año 1981 y de la Virgen en el año 1983. En el año 1990 se celebra el XXV aniversario de la coronación canónica con un programa de actos religiosos y culturales del que podemos destacar el pregón de pronunciado por el poeta cordobés Pablo García Baena, gran devoto de Nuestra Señora de los Dolores. En la actualidad, la hermandad de los Dolores figura a la cabeza de las cofradías penitenciales cordobesas por número de hermanos y nazarenos, siendo hasta el año 2005 la cofradía que más nazarenos presentaba en su cortejo procesional, aproximándose al millar. En el año 2008 la hermandad modifica su itinerario para poder hacer estación de penitencia en el interior de la Santa Iglesia Catedral. Sede de la hermandad: Iglesia Hospital de San Jacinto HERMANDAD DEL SANTO SEPULCRO Hermandad de la Inmaculada Concepción y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Señor Jesucristo del Santo Sepulcro y Nuestra Señora del Desconsuelo en su Soledad. Desde sus orígenes en el último tercio del siglo XVI hasta la exclaustración de 1835 la cofradía del Santo Sepulcro se encuentra ligada a los carmelitas de la antigua observancia. Los carmelitas calzados manifiestan un vivo interés en la fundación de hermandades y en el fomento de devociones populares, ya que suponen la incorporación de miles de personas a la actividad de la iglesia conventual y una importante fuente de recursos. Así durante la estancia del convento del Carmen en la ermita de la Vera Cruz se produce el nacimiento de la cofradía penitencial del Santo Sepulcro. Las primitivas reglas son aprobadas el 5 de marzo de 1573, aunque la cofradía ya se encontraba erigida con anterioridad. La hermandad del Santo Sepulcro cobra un fuerte impulso a lo largo del último cuarto del siglo XVI. La elección de hermano mayor se realiza mediante votación secreta el segundo día de Pascua de Resurrección y suele durar un año aunque con bastante frecuencia se prolonga a través de sucesivas reelecciones. La procesión de disciplinantes en la noche del Viernes Santo es el acto principal. Aunque la imagen titular es la de Cristo Yacente, despierta también bastante fervor Nuestra Señora de las Angustias o de la Quinta Angustia que también es procesionada por la hermandad. A raíz del traslado de los carmelitas a Puerta Nueva se hace necesario la construcción de una nueva iglesia cuyas obras se realizan a finales del siglo XVI. Con este motivo los hermanos deciden sustituir la primitiva imagen de la Virgen. La nueva Dolorosa cambia su advocación por la de Nuestra Señora de las Penas y con este título se la conocerá hasta el siglo XIX. A lo largo del primer tercio del siglo XVII las hermandades de Nuestra Señora del Carmen y San Gregorio, establecidas en el templo conventual de Puerta Nueva están unidas a la del Sepulcro. El fenómeno constituye un exponente de la pujanza de la cofradía pasionista que incrementa de manera ostensible sus efectivos humanos e incorpora elementos barrocos a la estación de penitencia que ofrece un lujo y boato que se contrapone a la sobriedad del último cuarto del siglo anterior. La única capilla existente en la iglesia del Carmen, además de la mayor es la de la cofradía del Santo Sepulcro, cuyos hermanos la remodelan totalmente en el año 1737. La hermandad del Santo Sepulcro cierra los desfiles procesionales del Viernes Santo con los pasos de la Santa Cruz, Cristo yacente y Nuestra Señora de las Penas. El paso de la comitiva por el convento de Santa Inés congrega a gran cantidad de cordobeses que acuden a escuchar el canto del Miserere por las religiosas. Tanto el paso del Sepulcro como el de Nuestra Señora de las Penas llevan en cada una de las cuatro esquinas sendas hachas de cera «rizadas, plateadas y pintadas de color negro». El nutrido acompañamiento de autoridades y religiosos contribuye a dar prestancia y boato a la procesión. Entre las formas barrocas que incorpora la cofradía del Santo Sepulcro en esta etapa cabe mencionar la escenificación del sermón del Descendimiento que se lleva a cabo en un tablado cubierto con un paño antes de la estación de penitencia. En el año 1659 la cofradía del Santo Entierro protagoniza un incidente con la de San Diego a causa de los horarios de paso. Tras la intervención de la autoridad eclesiástica ambas hermandades firman el 20 de marzo de 1660 una concordia por la que los hermanos de San Diego siguen saliendo el Viernes Santo a condición de que no interfieran los horarios de las demás cofradías. La incorporación del colegio de escribanos públicos a mediados del siglo XVIII resulta beneficiosa para la cofradía del Santo Sepulcro ya que contribuye a solucionar la precaria situación económica. La vinculación de este influyente colectivo tiene lugar después de su expulsión de la hermandad de Jesús Nazareno en 1755. Así, a lo largo de la segunda mitad de la centuria del setecientos el sostenimiento de la hermandad corre a cargo de los escribanos que se ven obligados a reducir gastos. La estación de penitencia del Viernes Santo será el único acto religioso que celebrará la cofradía. La procesión se mantendrá a lo largo de las dos primeras décadas del siglo XIX, salvo en los años de la exclaustración de los carmelitas calzados por orden del gobierno de José I en 1810. Con el regreso de los frailes la situación se volverá a normalizar. A pesar de que el reglamento de 1820 favorece a la cofradía del Sepulcro al establecer como única procesión la del Santo Entierro, la supresión de las estaciones de penitencia de Semana Santa en nuestra ciudad provoca el aletargamiento de la hermandad. Esta crítica situación se agravará en agosto de 1835 con la exclaustración de los carmelitas calzados. Las imágenes de la Cofradía del Santo Sepulcro, a raíz de la recuperación de la procesión del Santo Entierro por el ayuntamiento a mediados del siglo XIX, son trasladadas a la parroquia del Salvador y Santo Domingo de Silos, donde los escribanos públicos dan culto a la titular de la hermandad de Nuestra Señora de la Concepción fundada en 1937. El colegio de escribanos acompaña corporativamente el paso del Sepulcro en la procesión oficial del Santo Entierro hasta 1862, año en el que surgen un conflicto con el clero por cuestiones de protocolo. A partir de 1864 el Santo Sepulcro irá acompañado de su ilustre hermandad en la procesión oficial del Viernes Santo. Sin embargo, a finales de este siglo se deja de mencionar la presencia de los miembros de la cofradía en las fuentes documentales, lo que hace pensar en que la cofradía hubiese desaparecido. A comienzos del siglo XX tiene lugar la reorganización de la hermandad del Santo Sepulcro, cuyos miembros acompañan al paso del titular en la Semana Santa de 1910. La iniciativa partió del conde de Torres Cabrera, quien a través de las páginas del Diario Córdoba hizo un llamamiento a la nobleza para restaurar esta centenaria cofradía. Esta convocatoria coincide con el tiempo con la postración y extinción de la aristocrática hermandad de Jesús Nazareno y tiene una buena acogida. Así la hermandad acompañará a su titular hasta la Semana Santa de 1919, ya que en la década de los años veinte desaparece. Durante la II República hay intentos por parte de Juan Serrano Rosas de reorganizar la cofradía. El trabajo dará sus frutos en 1935, año en el que los miembros de la hermandad participan en la procesión del Santo Entierro. A partir de 1937 la cofradía adquiere una gran vitalidad y sus miembros lucen en la procesión del Santo Entierro gola y vistosos y amplios mantos de raso negro, ostentando las insignias de la orden del Santo Sepulcro. A finales de los cuarenta aparecen síntomas de crisis, pero la cofradía resurge en los años inmediatos durante la etapa de gobierno de José Montero Tirado. Sin embargo, en la década siguiente entra en una fase de postración, al igual que un buen número de hermandades penitenciales, que culmina en enero de 1973 con su disolución. La iniciativa de un grupo de jóvenes estudiantes posibilita la reorganización de la cofradía en marzo de 1973, siendo aprobados sus estatutos en ese mismo año por monseñor Cirarda Lachiondo. A poco de la refundación, en el año 1976, la hermandad encarga al imaginero sevillano Luis Álvarez Duarte una imagen de la Soledad, que sería advocada del Desconsuelo en el acto de su bendición por don Antonio Gómez Aguilar, el día de la Inmaculada de 1977. En el año 1985 se aprueba en cabildo general extraordinario la incorporación de la advocación de la inmaculada Concepción al título de la cofradía, reanudando el tradicional culto a dicha imagen que habían tributado en los siglos anteriores el colegio de escribanos públicos. Tres años después se acuerda suspender la salida procesional en señal de protesta por la decisión del gobierno de suprimir el carácter festivo del día de la Inmaculada, patrona de España. En el año 1987, la hermandad logra la agregación a la basílica de la Santa Cruz de Jerusalén de Roma y a la Orden de los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo; asimismo, el rey Juan Carlos I acepta el nombramiento de hermano mayor honorario. En el año 1995, Nuestra Señora del Desconsuelo en su Soledad realiza su primera salida procesional, presentándose en un paso hasta entonces inédito en nuestra ciudad, con dos figuras más, San Juan y María Magdalena, talladas por Miguel Ángel González Jurado y que completaban una escena de duelo que pese a su rigurosa innovación dio al conjunto tintes decimonónicos, y lo colocó bajo un palio de estudiado diseño en el que destacaba la novedad de sustituir los clásicos bordados por aplicaciones de alpaca cincelada. El paso se acompañaba por una reducida coral polifónica que no interpretaba motetes gregorianos, sino piezas musicales de los siglos XVI y XVII. La estética actual del Santo Sepulcro, con sus numerosos ciriales ante los pasos y otros ingredientes que la personalizan, dio en 1995 un paso muy importante para su consolidación. Dentro de los actos organizados por la Diócesis de Córdoba, con motivo del CL Aniversario de la Proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción, el día 4 de diciembre del año 2004 , a las 4 de la tarde, procesionó hasta la Catedral la imagen de la Inmaculada Concepción de la cofradía del Santo Sepulcro para presidir el solemne triduo, la gran vigilia y la Misa de Pontifical del día de la Purísima. El día 8 de diciembre, a las 4 de la tarde, tuvo lugar la procesión de regreso desde la Catedral a la iglesia del Salvador y Santo Domingo de Silos (Compañía). La procesión, de carácter diocesano, siguió básicamente el orden de la procesión del Corpus con la participación de las cofradías cordobesas y tuvo una duración aproximada de dos horas y media. En el año 2007, la hermandad acomete el proyecto de un nuevo paso para Nuestro Señor Jesucristo del Santo Sepulcro. Este nuevo paso, de estilo neomanierista dorado y policromado en color negro con aplicaciones de plata de ley e iluminado con cuatro grandes faroles octogonales en las esquinas, fue realizado sobre una idea y proyecto de Jorge Mellado Lucena y se estrenó en la tarde del Viernes Santo de ese mismo año causando una gran impresión entre los cofrades cordobeses. Sede de la hermandad: Parroquia del Salvador y Santo Domingo de Silos
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Detalles

Fecha:
3 abril, 2015
Hora:
23:55
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